El Cuento del Dhampiro
-Es posible que nadie haya creído la historia que voy a contarte, apenas hay personas conocedoras de ella, pues no acostumbro a entablar conversación con desconocidos, mas en cierta ocasión, tuve la desgracia de conocer a alguien que la contó por mí.
No te exigiré que la creas, tampoco lo espero. Yo en un primer momento padecí de amnesia cuando aquel hombre relató hasta el más nimio detalle cada paso que he dado en mi historia, en mi propia vida.
Así pues, procedo a relatarte tal escabroso relato que resume en pocas líneas el trágico destino de mi vida.
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Mi padre era un hombre honorable, trabajaba para la ciencia y aunque no hizo grandes descubrimientos, se dedicaba de pleno a ello. Amaba sus pequeños cachivaches, guardándolos con esmero y tiento de forma ordenada en las estanterías de su laboratorio.
Pero mi padre tenía un secreto, uno que pronto se convirtió en un secreto a voces: era un vampiro.
Vivió condenado a su naturaleza de una manera un tanto extraña, la sangre que corría por sus venas estaba demasiado corrompida como para considerarse un vampiro como tal. De las ultimas generaciones de los seres de la noche, mi padre poseía ciertos poderes, ciertas habilidades… pero apenas el sol le dañaba y no tenia le necesidad de alimentarse continuamente.
El estado de sus genes se hizo presente cuando conoció a mi madre. Una hermosa mujer de cabellos rubios y largos, que rozaban sus caderas.
Hasta ese momento no se había dado ningún caso de vampiros con capacidad de fecundación… pero mi padre apenas tenia ya restos de sangre vampiresca, así pues, nací yo.
Aun tengo en mi cuerpo restos de esa raza, pero he pasado de ser un vampiro a lo que los expertos llaman: Dhampiro.
La noche en la que nací, no recuerdo el día, ni el mes ni el año, mi padre decidió por su propio beneficio abandonarnos a nuestra suerte, a mi madre y a mí.
Eran tiempos difíciles para los vampiros, una organización en Thynerland se estaba ocupando de eliminarlos de las calles por medios no consagrados.
Muchas leyendas hablaban de seres que devoraban hasta las últimas entrañas de los Vampiros, saciando su sed de sangre sin tener ninguna necesidad de ello para sobrevivir. Contaban que salían cada noche, portando afiladas estacas en sus manos y que las clavaban en el pecho de aquellos seres del inframundo, deteniendo las inexistentes palpitaciones de sus corazones. De esa manera, decían, su cuerpo se paralizaba, pero no su mente… que podía sentir el dolor y la agonía mientras esos seres, descuartizaban cada extremidad con sus propios dientes.
No puedo asegurarte, hijo mío, que aquello que contaban esas personas era real. Posiblemente llevadas por la imaginación de sus mentes esas situaciones se exageraron o quizá ni siquiera existieron.
Como decía, aquellos eran malos tiempos para los vampiros y mi pobre madre sabía a la perfección que si alguien descubría mi oscura herencia me mataría quemándome en una hoguera. Aguantó hasta que su corazón, lleno de pena encontró calor en los brazos de otro hombre, aguantó hasta que no pudo soportar el peso de ir escondiéndose entre la gente, entre las miradas penetrantes de los inquisidores, de las miradas de aquellos vampiros que iban en busca de aquél que había profanado la sangre, la mascarada.
Recuerdo que sentí por última vez la calidez de sus labios sobre mi mejilla esa noche, antes de que la lluvia que caía borrase todo recuerdo de cariño o amor maternal. Tan solo tenía cuatro años cuando me vi solo en aquella vía de la ciudad, amparado únicamente por una mochila en la que no sabia ni lo que llevaba. Inocente de mí pensé que aquello solo fue un despiste de mi amada madre, que volvería a recogerme cuando terminase de trabajar. Me intenté convencer de que aquello no era el final de mi vida y que cuando despertase de esa pesadilla y cuando dejase de sentir la lluvia caer sobre mi, empapándome el cabello, ella volvería a estar a mi lado, rodeándome con sus brazos hacia su pecho y susurrándome al Oido que seguiría protegiéndome para siempre.
Pero no fue así. Las doce campanadas de la iglesia de la ciudad tronaron en mi mente, de la misma manera que esos truenos hacían relucir los tejados de la ciudad, bajo la pátina brillante que formaba la lluvia al caer.
Alcé la mirada hacia arriba, distinguiendo gracias a la luz de la luna las gotas de lluvia chocar contra el suelo, produciendo un ruido que, aunque ensordecedor para el mundo, para mí era mudo.
No sé el tiempo que seguí allí, bajo las lágrimas de aquella tormenta. No sentir rencor, pero si las lagrimas que se confundían con el agua que empapaba mi rostro y que serian las ultimas lágrimas que mostraría al mundo desde aquél día.
Un hombre de aspecto amable se acercó a mí, mostrándome una sincera sonrisa mientras me tapaba con un amplio y negro paraguas. En ese momento dejé de sentir el agua estamparse contra mi ropa, que no podía estar más empapada. Recuerdo que me tendió una mano y ya sin nada que perder le seguí en la oscuridad de la noche, caminando por mitad de la calzada, solitarios, dos figuras que se perdían en la noche.
Durante años trabajé para el señor Yanik como un mero recadero. Él al parecer ostentaba el puesto de diplomado e historiador en la biblioteca central de la ciudad, aquel lugar es impresionante, gigantesco, deslumbrante y lleno de misterios. Pasé mi juventud encerrado entre salas y salas repletas de libros con estanterías que cubrían las paredes. Salas a las que solo podían acceder los más aptos, yo me las había recorrido en tan solo cinco años. Allí hay documentos que no deberían existir, que cuentan historias que jamás deberían ser narradas ni conocidas por la humanidad. Secretos tan imposibles como la verosimilitud de esta misma historia que te cuento.
Me convertí en un ser encerrado en su propio pensamiento, leyendo continuamente historias de las que pocas personas sabían. Mí cometido allí aun no había sido decidido y yo solo podía sentirme útil haciendo uso de lo que se me estaba concediendo.
Cuando cumplí la mayoría de edad el señor Yanik me hizo llamar a su despacho y allí, fue el quien me contó mi historia con pelos y señales. Por qué vivía allí, porque me había recogido él aquella noche, por qué mi madre me había abandonado y por qué también lo había hecho mi padre nada más nacer.
Mi cometido en ese momento se basaba en acabar con los fantasmas que me habían perseguido desde entonces, todos mis miedos y mis dudas debían acabar en aquella biblioteca, en aquel momento. Yanik me explicó en que me había convertido durante todos estos años. Por mi sangre era mitad vampiro mitad humano, mas en mi mente tan solo era un humano que odiaba a aquellos que había provocado la separación de mi familia.
Me instruyeron desde entonces en una política belicista en contra de los Cainitas. Me convertí en uno de esos seres de leyenda que portan en sus manos afiladas estacas de metal. Me convertí en un asesino a sueldo de vampiros y de camino, terminé siendo un exterminador de la sangre cainita sobre la ciudad.
Y aquí termina mi historia por hoy, hijo mío, es hora de dormir y tu sed de leyendas inventadas por tu padre es insaciable.
-A mi me gustan tus cuentos –sonríe mientras acomoda la cabeza en la pequeña almohada de su habitación.
-Claro que sí, Leonard –sonrío y le arropo, levantándome del taburete donde le he estado contando mi historia.
-Algún día cuéntame tu historia –inocente que es él me mira una última vez aquel día, mientras yo me acerco a la puerta y me despido con una sonrisa, que esconde las pequeñas mentiras que todo padre debe ocultar a sus hijos.
Escrito por Audrey
Hooola Haru! Que tal? Espero que bien, solo queria decirte que me ha gustado el relato que has ecrito (pa variar XD) y que se te da bien esto de los relatos de seres sobrehumanos ^^, bueno no se que mas tontadas poner asi que me guardo los “como mola!, cojonudo!” y demas para el proximo que hagais tu o Ame que sois ahora mismo mis suminitradoras de relatos predefinidas jaja, un saludo! Sayo!
Me gustó mucho, si no te desagrada haré un enlace a mi blog
Me gustó el relato, si no te disgusta, haré un enlace en mi blog
¡Hola! Me ha gustado mucho tu cuento. Lo he encontrado buscando documentación para el segundo volumen de una trilogía sobre un dhampiro y el tono de tu relato me ha encantado… ¡Felicidades!